20. Noviembre 2008

Nota de WordPrensa…

 

Deciros que no necesitáis las contraseñas que os envié… Este mundo WordPress es de todo menos fácil de entender. La puse y funcionó (AccentLess pudo entrar) pero de repente, ni a mí me dejaba. Así que nada, olvidaros de todo y seguir entrando por vía libre…

Siento mucho todo este jaleo :)
Si ya lo decía yo: Privatizar pa’na, es tontería :P
Besos a todos/as

p.S.: Esta “entrada” se autodestruirá en un abrir y cerrar de ojos.

19. Noviembre 2008

Plano de Introspección…

Sentada en el borde de la cama, con la espalda recta y un camisón añil de escote pronunciado en el que se descubre la insinuación, detiene su mirada en las dos almohadas grandes que presiden la cabecera. La cama está como todos los días y noches anteriores: Perfectamente vacía. Una impresión insostenible si se mira el bulto que el oso de peluche Renato Rodrigues Con Ese, delata con su trasero perfectamente redondeado. En el lado izquierdo, libros. En el derecho, más libros. Al alcance de un estirón de brazos.

Todo en la parte de arriba; nada a los pies.

Piensa que podría rellenar ese espacio con cualquier cosa: algún bolso de piel marrón, ropas sobrantes, una cobija a juego con las cortinas, cabecero y colcha; el mundo. Finalmente, podría vivir todos los sueños que se quedaron en esa cama. Opta por beberse el último trago de whisky que le queda y termina emborrachando a las ideas.

Completamente desnuda la medianoche, volveremos a entrar para ver cómo Renato Rodrigues Con Ese, sigue estando en su escondite en esa cama perfectamente rellena de brazos y piernas sin control, y un derrotado abrazo a la almohada buscando el acomodo.

¿Cuántos tragos de whisky caben en un desconsuelo?

16. Noviembre 2008

Sin título…

Por razones que no vienen al caso, en unos días voy a privatizar Un Collar de «Tequieros».
Los que me habéis acompañado hasta ahora, y si deseáis seguir haciéndolo, podéis mandarme un e-mail.
Yo estaré encantada de teneros conmigo…No os imagináis cómo me duele todo esto.
Mis dos bitácoras, las que más he cuidado, mimado, y amado, privatizadas. No es justo. No, no lo es.

Muchas gracias a todos/as…

Besos :)

13. Noviembre 2008

Es mejor que hoy no me leas…

 

Detesto ser vulnerable. Me da rabia sentirme triste. Y me entristece no poder contárselo a alguien.

Así que escribo porque es la única forma que conozco para no hacer daño a nadie.

Pero si lo pienso bien, tampoco puedo escribir todo lo que quisiera; al menos, no como me gustaría hacerlo. Con el alma pa’ fuera. Y no es que no lo haga cuando dejo algo por aquí, o en mi otro blog, o incluso en los comentarios que voy dejando a esa gente que apenas conozco, pero con la que tantas veces me entiendo. No. Quizá sea por el mismo motivo por el cual no les cuento nada a los que sí tengo a mano. Para llorar, ya lloro yo sola.

Un grito.Eso. Pegaría un grito, a ver si de una vez por todas esta puñetera tristeza se mezcla con el viento y con el mar.

Me siento rara, extraña. Como si saliese de mi cuerpo y me estuviese mirando desde arriba. Eso. Que no soy yo. Que me cuesta reconocerme si echo la vista atrás y no me veo en absoluto si la echo para adelante. Es como un ir dando tumbos a ninguna parte y eso me cuesta tanto… necesito estabilidad. Sin ella, yo no soy yo.

Tampoco sé lo que quiero y eso me mortifica. Más que a mí, a mi gente, a la que sí sabe lo que quiere. Y lo peor es cuando te dicen que lo tienes todo y una no sabe qué cojones es ese todo. Y asientes con la cabeza y se lo niegas con el pensamiento. Explicar lo que no quiere que se sea explicado es harto difícil.

Releo lo escrito. No es que no sepa lo que quiero. Es que no quiero arriesgar. Y perder. Y volver a quedarme vacía. Pero eso lo pienso hoy, porque mañana me levantaré con la convicción de que el que no arriesga, no tiene nada en la vida. Y yo, según me dicen, lo tengo todo.

Hay que ver…

Un día. Como mucho, dos. Después volveré a ser yo. La misma Pati de siempre. Con la sonrisa dibujada en mi rostro, como dice mi madre. Con esa risa que contagia a los vecinos de mesa.
La que escucha, la que apoya, la que aconseja poco, la que cuida, protege y mima al que necesita cuidados, protección y mimos…. Pero hoy, hoy yo no estoy.

Detesto ser tan vulnerable y lamento mucho tener que escribirlo.

8. Noviembre 2008

Permítanme que les presente…

 


El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
sienten, en el dolor leído,
no los dos que el poeta vive,
sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
distrayendo a la razón,
ese tren sin real destino
que se llama corazón

“Autopsicografía”
Fernando Pessoa

Mi amigo el Poeta siempre estuvo convencido de que las desgracias se descuelgan de las miradas y el miedo sólo es humor negro de la mayor calidad:

- No es con los ojos que debemos observar-, solía decirme en los atardeceres cuando el martes empezaba a ser devorado por el miércoles en ese otro mundo donde nos encontrábamos. Un mundo diferente donde no había que pensar y se podía vivir sin horarios fijos, al azar de los encuentros y de la suerte.

Mi amigo el Poeta y yo charlábamos por necesidad. Él porque además de poeta, era filósofo; yo, por ignorancia. El caso es que, un buen martes, le pregunté si él sabría escribir una carta de amor. Y no es que yo estuviese enamorado, que no. Fue el verlo tan cansado de trabajar, tan deplorable en su hastío, que se me ocurrió esa idea tan absurda.

- Todas las cartas de amor son ridículas-, me contestó con esa voz pausada de los filósofos. -Pero, si hay amor, es lógico que sean ridículas-, sentenció.

Me llegó un silencio suspensivo mientras sus ojos se perdían en el interior de sus reflexiones y sus nostalgias. Fue entonces cuando mi amigo, el Poeta, el Filósofo, recordó que muchos miércoles atrás, también fue mi amigo el Fingidor.

1. Noviembre 2008

Fabricando Fantasmas…

Como si echar a andar una y otra vez por aquella pasarela de madera ondulada en aquel lado marítimo invitase a caminar sobre sus propias aguas turbias, ingresó en una especie de bucle que le llevaba a la deriva hasta el término de su paseo, que no era otro que sus propias callejuelas mentales…

Es curioso cómo dejamos que todo se deje andar, que se ablande y ceda terreno y aceptemos, sin oponer ninguna resistencia, ir de un lado a otro con ese todo. Y a pesar de ello, siempre se tiene la estúpida esperanza de querer creer que acaso ha de ocurrirnos algo.

¿Cuánto hace que se estaba repitiendo todo eso? Resultaba patético siquiera pensar que hubo una época en la que, rozando apenas con las manos cualquier rincón del aire, las cosas le sucedían cuando menos pensaba en ellas.

Como cuando se le cruzó aquella manera de mirar graciosa, esquiva, transformada en puro deseo. Fingió indiferencia y, junto con ese incrédulo encanto, le insistió en subir a su casa. Qué bonito y qué dulce fue el momento, y cómo nos reímos esa noche a la sola idea de que yo pudiera ser protagonista de su novela. Pudo ser coincidencia, pero haber encontrado ese instante mientras llovía en el otro lado del mundo le pareció que iba más allá de un temblor fortuito. Tenía la convicción de que esa fascinación perduraría siempre, y por eso seguía andando sin rumbo fijo, sabiendo que nunca más volvería a entrar en callejuelas oscuras.

¡Qué de frases sueltas llegamos a construir!

Ahora, como mucho, era sólo un fantasma ciertamente perturbador. Las cadenas son un clásico síntoma fantasmal y las suyas las arrastraba por oscuras galerías agarradas a las ropas de ese otro mundo que los ciudadanos tanto temen. Quejidos y lamentos a medianoche hacían el resto en aquel espectro en que se había convertido.

Un espectro que sólo deseaba ir hasta su lecho y no hallar otros brazos ajenos rodeando ese alguien que se ha inmovilizado en un momento del sueño.

La esperanza es confundir el deseo de algo con su probabilidad.

Schopenhauer.

26. Octubre 2008

El fruto inmediato de una decisión…

 


No fue fácil volver a aquella ciudad y encontrarla con ese velo de duelo cubriendo los recuerdos. Hacía años que la había abandonado después de una compleja convivencia y, a pesar de que muchas veces se sintió extraño, solo y confuso, jamás pensó en que volvería a enfrentarse a ella. La vida le reservaba una última carta en esa partida del destino. Sólo que, esta vez, David llegaba sin pasado y con una clara misión en su mente: Matar.

La tarde gris y larga se disolvía a plazos. David caminaba por los parques entre la niebla y el silencio. Brilló un relámpago y las calles parroquiales de su niñez se le fueron apareciendo, por etapas, en el borde interior de la mirada. Algunos segundos después aulló el trueno. Lo escuchó con el sabor de la traición en su boca.

Paró, aturdido y, cubierto de un licor que no pudo precisar, se quedó de frente ante todas esas miles de caras de muertos cuyos ojos lo contemplaban con crítica de comprador. Vulnerable y complaciente, las fue siguiendo hasta las aguas frías de los canales.

Miró su reloj. Las tres de la tarde.
Toda la vida esperando las tres de la tarde.

24. Octubre 2008

«La Tragedia de Hermenegildo»

 


Por Sevilla…


HÉRCULES
.-

Assí que sois adivino!
Gusto averos encontrado,
porque entiendo que he hallado
alivio de mi camino.

BÁRBARO.-

Yo soi, Gitanico, ha!
Dè, que escopille he en la mano.

HÉRCULES.-

No está donoso el gitano!
Quita allá.

BÁRBARO.-

Mas, harre allá.

HÉRCULES.-

Mas gracioso es el lenguaje.
Y habláis por allá ansí?

BÁRBARO.-

Sí, que allá habramo ansí,
quando damos al vagage*.
Tenés buena catadura
y traés aquessa ma
ça.
Ea, dame una hoga
ça
y tendrás buena ventura
Dame un chanflón sin letijos**.
Acava, no seas mesquino.
Verás cómo te endevino,
si has de tener munchos hijos.

HÉRCULES.-

No está donoso el borrico,
que quiere hazer de el gitano?

BÁRBARO.-

Dame; echa acá la mano.
Qué? No só yo getanico?
Vos no sos hombre de mal,
quando sos hombre de bien;
y la Cencia os quiere bien
y aun vos no la querés mal.
Digo verdá?

*vagage: “bestias de carga”
** chanflón sin letijos: el chanflón era una moneda de poco valor e incluso Quevedo se toma por moneda falsa (e.d., “sin valor”), lo mismo que en Vélez de Guevara se habla de un
alguacil chanflón“, es decir, “falso”. sin letijos, forma rústico-arcaica por “sin litigios“, es decir “sin hacerte de rogar“.

«La Tragedia de Hermenegildo»

4. Octubre 2008

De París al fin del mundo…

 

París, Marzo de 1908

 

 

Querida amiga,

Amanecimos en París y despertamos con el murmullo del Sena.

El buen tiempo nos acompaña, a Dios gracias. Nos aprovechamos del día para sentarnos en un Café y degustar un rico desayuno, un chocolate calentito y unas pastas un tanto extrañas que esta gente llaman “croissants”. Muy buenas; muy suaves. El chocolate nos da la energía necesaria para estas intensas jornadas que estamos viviendo.

Si pudieras vernos… Disfrutamos como niños!

Alfredo dice que con un poquito de imaginación se pueden encontrar lugares especiales. Pero yo creo que aquí lo único que les sobra a esta gente es imaginación.

De París al fin del mundo.

El dolor en mi cabeza persiste y hay mañanas en las que casi no puedo levantarme. Esta agonía recorre (horas) cada vez más lugares y me pregunto hasta cuándo el dolor estuvo predestinado.

Yo, mi añorada amiga, no emito queja alguna cuando estamos juntos. Pero, ya sabes cómo son los enamorados en general y Alfredo en particular; no se les puede mentir con los ojos.

Qué dulce resultará la muerte en esta Nuite Blanche

Adiós, mi Amiga.

Ten la seguridad de que toda mi alma te pertenece.

Dios te gu.e m.s a.s

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28. Septiembre 2008

Encontrémonos…


Noche. Noche de encuentros. Noche de historias. Noche de grupos en los que se oculta una soledad. Noche de deseos frenéticos. Noche enloquecida. Noche que aguarda sorpresas.

- Para mí un café.
- Entonces, ¿cuántos cafés?
- Yo un cortado con sacarina.
- Yo un bombón descafeinado de máquina y…
- ¿Si?
- Por favor, asegúrese; sino no duermo.

Se ríen, bromean y siguen conversando. Los vecinos de mesa intentan participar de algún modo. Aunque sea con miradas.

Y llegan los cafés.

Y luego más de lo mismo.

Más tarde, fuera, los últimos retoques a las palabras. Manos que se aprietan, besos en las mejillas; algún que otro que se lanza al aire, rebota en el muro y se estampa en los otros labios. Promesas de repetir la quedada mientras se montan todos en sus respectivos vehículos. Todos menos uno.

Alfonso se ajusta el cuello de su camisa mientras encamina sus pasos hacia no se sabe dónde. De algún salón se escapa una música. Entrecierra los ojos. Siente en su garganta el suave frío de un vino blanco. Y de pronto, un cinquecento blanco que le sale al paso con las ventanillas bajadas y un apasionado Robbie Williams que canta “She is the one” . Porque ella lo es, al menos lo es en ese momento para él. Ella que da gas y una pequeña sacudida hacia delante. Se vuelve y lo mira.

Alfredo la mira mientras se aleja. Como en el instituto. Y el rubor que se aloja hasta en las orejas.

Noche. Noche que avanza. Noche diversa. Noche de luna. Noche de hojas que remontan al son de una música alegre. Noche de encuentros casuales.