Gli Zigomi Addormentati…*
Lunes, Junio 23rd, 2008
Apagué todo y salí.
La noche metálica invitaba a hacerlo. Y la sensación de haber perdido algo por el miedo a perderlo, obligaba a salir por el portón verde tras el cual me refugiaba.Al igual que mis pensamientos, mis pasos eran monótonos. Eso no me impidió fijarme en un particular, cuanto menos, curioso; la calle parecía no tener nombre. Era una calle ancha, luminosa, alegre, y llena de gente que hablaba de una forma rara y con un lenguaje codificado.
Yo no hacía más que mirar al suelo para no tropezarme con las piedras. De cuando en cuando, alzaba la vista y me topaba con miradas. Eran millones de miradas tras los párpados y sólo una me pareció terrestre. Un tipo con con vaqueros, camisa roja y corbata negra me dirigió un gesto rápido con los ojos y la barbilla, a modo de saludo. Un saludo que nació y murió en el mismo instante.
Seguí caminando con el saludo a mi vera pensando en devolvérselo si lo encontraba de nuevo.
Cuando viré hacia la derecha (o a la izquierda, no recuerdo bien), me di cuenta de que esa calle sí tenía nombre: Gli Zigomi Addormentati*.
Pensé que “Los Pómulos Dormidos” no era un nombre apropiado para una calle, tan siquiera para esa, pero me pareció romántico.En ese momento me di cuenta de estar enfadada conmigo misma. Necesitaba nombres de calles para sentirme bien? Necesitaba razones para besar a cuanto tipo de corbata negra se cruzase por mi camino? Acaso necesitaba saber su nombre?
-Quieres un nombre?- Oí detrás de mí. -Deja de buscarlo. Yo te lo pondré en el dorso de tu mano
-Perdón?
Pero detrás de mí no había nadie. Sólo un centenar de personas que no buscaban nada. Mucho menos a mí.De pronto sonó eterna una melodía esbelta y seductora. No pude precisar desde dónde venía y decidí seguirla. Fue extraño, pero tuve la sensación de que la música quería querer jugar conmigo. Diez pasos y paraba. Paraba yo. Proseguía ella. Fue como estar bailando juntas un vals envidiable.
Pero todo tiene un final, hasta los bailes bajo calles indómitas, y acabé pillándola. Se escondía detrás de un portal rojo vergüenza. Estaba entornado, como esperándome, así que entré.
Me encontré en una estancia oscura, abrupta, y el mundo fue una pausa.-Te llamo porque sé el secreto que va a dejarte tranquila-. La misma voz que me abordó en la calle-supuestamente-sin-nombre. -Escúchalo deprisa porque se te olvidará cuando el sol despunte tras las nubes mañaneras: Ya sé por dónde se rompen las cosas. Todas.
Y yo, enmudecida.
- Deja un papel en el suelo.
Y yo, tendí mi carta en el frío mármol cuadriculado.
- Sí, por aquí será.
Y las letras comenzaron a saltar, a reír, a llorar. “Mucho, nuestro, para siempre, futuro, hermoso”, ya dejaron de sentir.
Y yo, sentí que el peso caía.Y volvió a sonar la hermosa melodia. Pero yo, yo ya no estaba sola.
El minutero sonó. La sesión había terminado.
*Gracias, Fabio.
