El fruto inmediato de una decisión…
Domingo, Octubre 26th, 2008
No fue fácil volver a aquella ciudad y encontrarla con ese velo de duelo cubriendo los recuerdos. Hacía años que la había abandonado después de una compleja convivencia y, a pesar de que muchas veces se sintió extraño, solo y confuso, jamás pensó en que volvería a enfrentarse a ella. La vida le reservaba una última carta en esa partida del destino. Sólo que, esta vez, David llegaba sin pasado y con una clara misión en su mente: Matar.La tarde gris y larga se disolvía a plazos. David caminaba por los parques entre la niebla y el silencio. Brilló un relámpago y las calles parroquiales de su niñez se le fueron apareciendo, por etapas, en el borde interior de la mirada. Algunos segundos después aulló el trueno. Lo escuchó con el sabor de la traición en su boca.
Paró, aturdido y, cubierto de un licor que no pudo precisar, se quedó de frente ante todas esas miles de caras de muertos cuyos ojos lo contemplaban con crítica de comprador. Vulnerable y complaciente, las fue siguiendo hasta las aguas frías de los canales.
Miró su reloj. Las tres de la tarde.
Toda la vida esperando las tres de la tarde.
