Cuento de Navidad en Cinco Capítulos…

Diciembre 7th, 2008

 

 

“Mi padre y mi madre, mi hermano, los compañeros del colegio, el cartero… todos ellos siempre me dieron miedo; corría a esconderme en mi habitación para evitarlos. Pero los fantasmas, duendes y monstruos siempre fueron mis amigos.”

Tim Burton.

 

-1-

Era ya noche cuando Lupe salió de su trabajo. Le pareció que el aire era mucho más escalofriante que la noche anterior. Se colocó la bufanda roja de lana alrededor del cuello y tapó parcialmente su boca con ella. Manías de las abuelas que se le quedan a uno toda la vida.

Había estado nevando toda la tarde, pero Lupe no lo supo hasta que sintió los copos cayendo desde lo alto y rozándole suavemente el rostro; en su lugar de trabajo había una ventana diminuta en la que apenas se vislumbraba nada, sólo alcanzaba a ver cómo la noche se comía la luz del día. Poco más.

Con el eterno olor a pescado que durante diez años le perseguía, Lupe comenzó a andar con la nieve crujiendo bajo sus gastadas botas negras mientras cruzaba hacia al otro lado de la ciudad.

-2-

Para regresar a su casa, Lupe tenía que pasar por todo el centro de la ciudad. Eran más o menos hora y cuarto de odisea. Tardaría mucho menos con el metro, pero prefería camuflar su intenso olor corporal con el aire antes que sufrir media hora de trayecto infernal. A pesar de ser Navidad, la gente seguía asqueándose de su olor.

Comenzó a apresurar el paso en cuanto vio a una pareja de guapos sonriendo, cargados de bolsas repletas hasta arriba de paquetes. Miró de reojo sus horribles miradas mientras pasaban por su lado y siguió escuchando sus risas burlonas hasta dos calles más abajo.

Estaba cansada de ser algo con lo que se topaban en la noche.

“¿Por qué ellos esparcen risas y alegría mientras yo sólo olores nauseabundos y pena?”

-3-

Se adentró en el atasco humano en el que se habían convertido las calles del centro en aquella típica noche navideña. Las familias de bien, aquellas que nunca habían creído en ningún tipo de crisis económica, colapsaban buena parte de las aceras con su felicidad navideña. Sus caras se veían tan emocionadas bajo aquellas millones de luces mágicas que adornaban el cielo por esas fechas.

Lupe pensó que era como estar en una escena de esas películas hollywoodienses. La banda sonora era aquella dulce musiquita de campanitas celestiales. Le hubiese gustado ralentizar la imagen cuando se le cruzó una pareja de ancianos y ella les imaginó buscando a un Papá Noel que quisiera hacerse cargo de los deseos de sus nietos; congelarla en el momento en que la nieve de papel se iba mezclando con las lágrimas del espectador.

-4-

“Ho, ho, ho! Feliz Navidad para ti! Ho ho ho”

Anunciaba Papá Noel a las puertas de El Corte Inglés, mientras abría su saco y echaba un buen puñado de caramelos hacia la multitud.

-5-

En Navidad todo es posible.

Y así fue como Papá Noel introdujo su mano en el gran saco de los caramelos, sacó una escopeta semiautomática y comenzó a disparar a todo ser viviente que hasta allí se había acercado.

El cuerpo del abuelo voló hasta llegar a posarse a los pies de Lupe. Pudo ver el ardor agudo y seco en su pecho y esa mirada intensa al final de sus ojos. La nieve recién caída pasó a teñirse de un rojo carmesí y todas aquellas lucecitas mágicas no hicieron sino que aumentar el color de la tragedia. La abuela parecía una muñeca poseída por un demonio.

Papá Noel parecía una diabólica marioneta ensimismado con su propio espíritu navideño mientras una ráfaga de disparos, una lluvia de balas trazadoras, cruzaba el estupor de todos aquellos que, maravillados, pensaron que eran fuegos artificiales. El escenario era un completo caos. Por doquier había gente que corría y gritaba; todos fueron cayendo. Todos menos Lupe. Aquel fue su regalo de Navidad, lo que ella tanto había deseado.

“Feliz Navidad a todos, y a todos buenas noches”*

La risa de Papá Noel sonaba ahora como gemidos ahogados en una sincera felicidad mientras se alejaba con su trineo hacia quién sabía dónde.

Quizá la próxima ciudad sea la tuya…

* Frase de Jack Skellington en el poema de Tim Burton “The Nightmare Before”.

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